Los matices lentos, medianos y rápidos a
que se ve sometido el abejorro son bastantes exigentes. Las sensaciones que emana la
composición se ajusta sin mucho ilusión al titulo de cada parte. Surge de las profundidades un ser y salpica
contra el agua. Emerge un recorrido de
vida mediante un piqueteo que va tomando un matiz veloz e interrumpido, casi
como un cantico de un abejorro que transita de flor en flor, va la tuba
aproximándose a la imaginación. El lugar
protagónico tiene un lapso en que solo la tuba canta entre graves y agudas
notas. Sube y baja únicamente con su
boca cadenciosa. Elementos de fantasía,
sonidos sorpresivos y recorridos suaves por el campo acompañados de
instrumentos como violines, clarinete y timbres dan la sensación de volar entre
flores. Hasta que el camino se abre al horizonte entre
trompetas que incitan a batir alas en altura.
Y de pronto se despierta la
acción, el peligro, la odisea, y hasta un caos controlado. Predominio y dominancia. Su presencia es
imponente. Su final se aproxima tan cerca como su aceleración. Los matices de esta composición son sensacionales.

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